Instituto Misionero

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Un sueño más grande...


Con tristeza recibí aquella tan ansiada carta: era la aceptación para entrar a la carrera de Medicina en la Universidad Adventista de Montemorelos; llegaba dos semanas tarde y los trámites de visa me llevarían dos semanas más. Perder el primer mes de clases cuando estás iniciando una carrera universitaria no es nada bueno, así que el sueño de estudiar medicina en una universidad adventista se obscurecía cada vez más, como el sol se obscurece en medio de una tormenta. Y junto a este sueño se iba otro no menor que era el que nos propusimos con mi amigo Dan, es decir, que cuando estudiáramos en dicha universidad los sábados a la tarde tomaríamos nuestras biblias e iríamos a predicar a alguna pequeña comunidad cercana y de esta manera establecer la obra adventista en un lugar no alcanzado aún. Ambos sueños parecían desvanecerse poco a poco.

Pero Dios es experto en mandar luz al alma necesitada justo en esos momentos. A los pocos días recibí un mail de mi amigo, el Pastor Carlos Mora, quien había sido mi profesor de teología en Costa Rica; me habló de la Universidad Adventista del Plata, desconocida totalmente para mí hasta ese entonces. Hice los papeles de inscripción, aprobé el examen de admisión a Medicina, y después de una cadena sucesiva de milagros llegué a la UAP con poco dinero pero con muchos sueños en los bolsillos.

Recuerdo que llegué una semana tarde a clases con Dan Chilel, procedente de Guatemala y amigo de estudios de toda la vida ya que cursamos juntos la secundaria en El Salvador, teología en Costa Rica y ahora Medicina en la Argentina. Perdidos con una hoja de horarios en nuestras manos nos encontramos de repente el primer lunes en un salón con cadáveres con una prueba escrita de anatomía frente a nosotros sin siquiera haber estado un día en clases. Fue muy cómico las miradas que cruzamos mientras leíamos nombres cuya solo pronunciación representaba un desafío. En esa cátedra conoceríamos a un doctor cuyo ejemplo de cristianismo práctico nos inspiraría cada día durante nuestra cursada, el doctor Nestor Avigliano.

En una de esas tardes frías y grises típicas del otoño argentino, mientras nos acostumbrábamos a las nuevas comidas y al nuevo ritmo de vida, el decano me llamó para una reunión en su oficina la cual se efectuaría el martes a las ocho de la noche. Me preguntaba si habría hecho algo malo tan rápido como para ser llamado por el decano, pero la invitación era para orar y conocer a otros jóvenes de diferentes países que estaban orando hacía un tiempo por la vida espiritual de la facultad. Desde entonces los martes a la noche se convertirían en momentos especiales donde el doctor Acosta compartía citas de Elena White sobre el trabajo médico misionero y donde encontraríamos momentos de paz para orar con nuestro Señor Jesucristo.

Para mi sorpresa otros jóvenes al igual que Dan y yo también habían terminado sus estudios en teología y ahora se preparaban para un ministerio médico misionero. Entre ellos se encontraban Juan Said y Antonio Paternina, egresados de la Universidad Adventista de Colombia. Todos estábamos en primer año de medicina. Otros compañeros con no menos deseos de predicar el evangelio y que estudiaban en la Facultad se unieron: Eurike López, de Cabo Verde, José Olivieri de Venezuela y Luciano Troncoso, de Argentina. Pronto un hermoso grupo se reunía en el decanato para orar cada semana y leer los mensajes que Dios tenía para nosotros dentro de su gran plan misionero para el mundo entero.

Una noche, el doctor Acosta llegó con una idea loca, enviar a muchachos jóvenes sin experiencia médica a desarrollar un plan de salud preventiva a dos localidades en la provincia de Entre Ríos, Argentina. Se tendrían que establecer allí por un mes y tocarían puerta por puerta cada casa en medio de un frio tan grande que casi congelaba las ideas, realizar cursos de salud y de esta forma conseguir interesados en las verdades bíblicas. Sería combinar la teología con la medicina. Sin más preámbulos en cuestión de días nos encontrábamos viajando en el auto del decano hacia nuestros nuevos hogares, Lucas González y Gobernador Mansilla, de 5000 y 2000 habitantes respectivamente. El pastor Helvig, nos consiguió la comida y un lugar acogedor para dormir. La Facultad se hizo cargo de los materiales y pronto estábamos trabajando en la comunidad. Eurike, Antonio y José en Mansilla, mientras que Luciano, Juan, Dan y yo en Lucas González.

Al ser un centroamericano moreno era toda una novedad trabajar en medio de comunidades descendientes de colonias ruso-alemanas; nos llovían las invitaciones para comer y charlar sobre nuestro proyecto. Incluso nos llevaron a dar programas de radio y televisión. Nunca olvidaré cuando nos preguntaron acerca de nuestra opinión sobre el cáncer de páncreas en la Argentina; debo reconocer que fue una experiencia tremenda ya que recién en el segundo semestre después de las vacaciones veríamos el páncreas en la clase de anatomía. Con consejos prácticos de los ocho remedios naturales y con la certeza de la palabra de Dios, salimos adelante realizando cursos de salud en ambas ciudades con más de 200 asistentes, y quedaron unos 100 interesados en los cursos de salud “Vida Sana”. La ayuda del Doctor Jorge González y el pastor Ruben Otto fue muy especial para la realización de estos cursos. Pero la pregunta básica era ¿cómo atender a toda esta gente con tan solo 7 jóvenes y que viven en una universidad a más de 200 km de estas localidades?

Oramos, y Dios como siempre, respondió nuestras oraciones de una forma maravillosa. Durante el segundo semestre después de esas vacaciones de invierno en el año 2003, un grupo de 45 jóvenes comenzó a viajar todos los sábados por la tarde para atender a las personas de estas comunidades. Conseguir el dinero para cada viaje era toda una experiencia de fe, yo casi le llamaría un “deporte extremo”. Viernes de tarde, los jóvenes listos para salir el sábado y ni un centavo para pagar el autobús. Pero para la honra y gloria de Dios los viajes nunca fueron cancelados por falta de recursos económicos y siempre se llevó el mensaje a esas personas hambrientas y sedientas de la palabra de Dios.

Así comenzó el Instituto Misionero querido amigo, con oraciones, con experiencias de fe e inmensas gratitudes a nuestro Dios que siempre suplió nuestras necesidades.

El siguiente año enviamos más jóvenes a vivir a otras comunidades como María Luisa y más grupos se formaron para atender los estudios bíblicos y los cursos de salud. Cada año se fueron formando nuevos grupos alcanzando a más comunidades con la atención gratuita en salud y con la oportunidad de conocer a nuestro Salvador Jesucristo. Hoy somos cerca de 500 jóvenes voluntarios que cada sábado salimos a compartir las buenas nuevas de salvación en más de 12 localidades, con más de 200 estudios bíblicos, más de 200 niños atendidos y sobre todo...

"la impresión eterna que Dios ha dejado en los corazones de jóvenes que salen a la cárcel a predicar libertad a los cautivos, jóvenes que van por lancha a través de las islas sombrías dejando un poco de luz bíblica, jóvenes que llevan esperanza a los que yacen en una cama enfermos, jóvenes que se convierten en consejeros familiares cuando se abren corazones dolientes, jóvenes que desinteresadamente dedican su tiempo para dar atención médica, jóvenes que están dispuestos a llevar ropa a los desnudos, jóvenes que llevan alimentos a los más necesitados, jóvenes que realizan proyectos comunitarios en el área de salud donde las enfermedades son un desafío constante, jóvenes que abren biblias donde por años estuvieron cerradas, jóvenes que inculcan verdades eternas en mentes infantiles, jóvenes que han sido utilizados como instrumentos guiadores hasta las aguas del bautismo para muchas almas, jóvenes cuyo único y gran desafío es predicar el evangelio a la manera de Cristo"

Al llegar a sexto año de medicina y mirar para atrás solo puedo concluir: sin duda alguna, aquel pequeño sueño que yo tenía, de ir con mi amigo Dan y un par de biblias para predicar en alguna pequeña ciudad fue cambiado por Dios en un sueño mucho más grande, mucho más alto. Te animo a que sueñes los sueños de Dios, te animo a que coloques en sus manos amorosas todos tus planes y Dios hará maravillas en tu vida. En los próximos números de esta revista encontrarás muchos otros sueños con los cuáles Dios nos está bendiciendo en su misericordia.

¡Haz tuyas las palabras registradas en Isaías! "Como es más alto el cielo que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" Isaías 55:9

Rigoberto Vidal

Director Instituto Misionero FCS
Universidad Adventista del Plata




 

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“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.” Mateo 9:35