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“La oración de Fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado su pecado se le perdonará”
(Santiago 5:15)
Hace poquito hemos llegado a estas tierras africanas, en donde pudimos experimentar muchas sensaciones. Estamos muy felices de poder servir en lo que podamos aquí en Botswana, África. Este es un país cercano a Sudáfrica, con muchas costumbres y realidades diferentes a las que estamos acostumbrados. Tenemos la oportunidad de estar sirviendo en un hospital adventista, pero como en todos los hospitales, la gente que circula por él, tanto pacientes como personal, muchas veces no comparten nuestras creencias. Lamentablemente, la mayoría de las realidades de los pacientes no son muy animadoras, ya que muchos de ellos poseen enfermedades sin cura. Aún así, nos fortalece ver el ánimo de que ellos poseen.
Hemos experimentado el poder de la oración por los enfermos, ya que en el consultorio externo donde vemos cada día pacientes, y llegamos a interiorizarnos e interesarnos de sus vidas personales, estuvimos regalando tarjetitas con promesas bíblicas alentadoras, y al finalizar la consulta oramos con ellos. Es asombroso y hermoso ver cómo reaccionan aquéllos pacientes! Muchos de ellos con serios problemas en su salud, a la cual sólo podemos ofrecer “cuidados paliativos”, sonríen, nos agradecen, o hasta ellos mismos prefieren orar por nosotros… Llegan a la consulta tristes y doloridos por su enfermedad, y logran irse felices y agradecidos, llenos de esperanza, gracias al magnífico y asombroso poder curativo de la oración, y de su Palabra.
Podríamos consolarnos no haciendo nada, solo pensando en la idea de que estamos muy ocupados, y tenemos muchos pacientes para poco tiempo de consultas, pero…esta a nuestro alcance orar con los pacientes, y regalarles una promesita, y solo por un acto tan sencillo, vemos como Dios actúa!
A veces nos preguntamos qué podemos hacer por Dios en tierras tan lejanas y costumbres tan distintas, pero nos anima recordar la historia de la niña cautiva, la cual es nombrada en poquitos versículos de la Biblia, y sin embargo nos enseña una magnífica lección. A pesar de las vicisitudes de la vida, o de estar lejos del hogar, aun así se puede dar testimonio del Gran Dios que poseemos, que puede sanar de muchas enfermedades a quienes depositen en EL su confianza.
El que mandó la pequeña israelita en auxilio de Naamán, el capitán sirio, también envía ahora como representantes suyos a hombres, mujeres y jóvenes, para que vayan a los que necesitan ayuda y dirección divinas. El Ministerio de curación, pág. 375 Alexis Díaz-Giannina Gatti.
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